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Viña del Mar y el placer permitido de un Sexshop

Marité Ramírez nació en Francia, de madre francesa y padre español. Es dueña del Sex Shop Placer Permitido, ubicado en pleno centro de Viña del Mar. Entre juguetes sexuales, lencería erótica, disfraces y afrodisíacos, nos cuenta en su mezcla de español y francés, que la sociedad chilena sigue bastante conservadora, a pesar de algunos avances en la experimentación sexual.

 Por Daniel Campos (@andakagate)

¿Cómo lo ha hecho para llegar a la clientela de una ciudad tan conservadora como Viña del Mar?

Para mi es complicado. “Atrévete” no es por nada [señala un afiche con la palabra “Atrévete” pegada en la pared]. Porque la gente al comienzo fue horrible. Había una “cochiná” para separar el local [una especie de biombo que tuvo que utilizar cuando recién abrió la tienda]. Cuando la gente estaba del otro lado no quería pasar a este, tampoco para pagar, querían que yo fuera del otro lado para recibir el dinero.

Estaba el local de al lado, entonces no querían salir a la calle o esperaban que el semáforo estuviese en verde para salir rapidito. Hasta ahora también, ¡¡jóvenes!!. Entonces es difícil y es más difícil, pues yo no puedo lograr lo que me gustaría mostrar y desarrollar, la venta de lo que se hace en este momento en juguetes en Europa. Estoy consiguiendo cosas horribles, feas, no sé si es porque el precio también influye. Porque el producto nuevo es mucho más caro.

Tengo un proveedor al que ya no puedo acudir, porque cuando entré a su sitio web y vi el precio de los juguetes dije “no, ¿para qué?. En Chile no es posible”. Personalmente me gustaría desarrollar el juguete de lujo, porque hay. Hay joyas, secciones, hay todo eso.

Yo tenía unas fotos de unas joyas [muestra un catálogo de juguetes]. Jamás, te lo juro, nadie se atrevió a preguntarme “¿qué es?”. [Hay fotos de juguetes anales con terminaciones de diamantes y para la uretra, en el caso de los hombres]. Son alfileres para la uretro [como lo menciona en su mezcla de francés-español]. Jamás nadie me preguntó nada, ni el precio, nada, nada, nada.

Lo que se hace en este momento en Europa son de textura como silicona, juguetes anales para hombres, que no se hacen aquí. Y un tipo mouse [de computador] que es vibrador, que lo pasa del uno al otro y es para la pareja.

Me hace una comparación entre la “bola de geisha” -o “bolitas chinas”- del catálogo, con lo que tiene en el mostrador:

-Parecen adornos de navidad, le digo. Se rie y me replica “verdad, que buena idea, los voy a colocar en la vitrina con un árbol de Navidad [risas]. La gente no se da cuenta que estos son juguetes antiguos, pero que ahora con los requerimientos sanitarios e higiénicos, no se hacen más”.

-Son como porosos, le digo. “Obvio. El hilo es de algodón, de plástico, de algún material poroso. ¿Cómo puedes limpiar esto?. No se puede, es imposible”.

Me muestra juguetes de otra textura, “que no parecen pene”. Es un juguete, juega con la fantasía y la imaginación. “Pero cuestan 80, cien mil pesos, esa es la diferencia”, me advierte.

¿Qué es lo más caro que tiene en este momento?

Un juguete con forma de pene y con un control remoto inalámbrico a $65.000. Es el más caro. O un vibrador con forma de mariposa, que al contrario de otros, tiene un mini pene, entonces hay tres puntos para dar placer a la mujer. El otro tiene sólo dos puntos. También el Fabulous Dolphin, que es para jugar con el Punto G o el clítoris. También son de textura suave.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Ahora se hace más este tipo de cosas”. Me muestra la caja de un dildo donde sobresale un botón con la textura del juguete, bastante similar a esas gomas que cuando pequeño uno lanzaba a la pared y caían lentamente. “No tengo en este momento, pero hay en látex, que es una goma; después está la silicona y lo que se llama el jelly, que se ve de color de todos lados, rojo, amarillo, verde… una fantasía horrible [risas]. Y ahora hay modelos que se pueden utilizar en la tina, a prueba de agua. Son modelos anticancerígenos. Tienen otra textura, son más suaves”.

Tiene unos hot pants de latex que me hace tocar, “esta es la gomita, en la vagina se siente horrible”, me dice. “Pero es barato y como es barato…”.

Hace poco vio un reportaje sobre el riesgo de cáncer por el uso de juguetes sexuales. Vio algo similar en el programa Caso Cerrado, de la abogada Ana María Polo, -“la doctora Polo”-, donde una chica se quería divorciar de su marido porque descubrió que tenía cáncer por el plástico barato del que estaban hechos los juguetes que le llevaba. La mujer decía que no trabajaba en un lugar donde tuviese contacto con ese tipo de plástico “y después reaccioné que eran los juguetes que traía mi marido”. Un doctor invitado al programa explicaba que hay un 20% de riesgo de contraer algún tipo de cáncer por juguetes de paupérrima calidad, pero que era tan sólo un estudio, lo que no impide que se comercialicen. “Pero este material está en la mira”, me confidencia.

“Antes tenía un montón de modelos de látex y mi proveedor poco a poco no los vende más. No es por nada. La norma europea es más fuerte”.

¿En que rango se mueven sus clientes, son jóvenes, adultos, viejos?

Entre 30 y 65 a 70. Jóvenes, poco.

¿Vienen a mirar los/las más jóvenes?

No. A veces, cosa que me extraña, vienen a reírse. Me molesta un poquito, porque se burlan de todo. Para mi no hay nada de que burlarse, pero vienen con esa idea de pasar cinco minutos y burlarse de todo, como si fuera la gran gracia.

¿Podríamos decir que los chilenas y chilenos seguimos tan conservadores como antaño?

Mira, hay dos cosas que son muy extrañas, por ejemplo la ley concerniente al Sex Shop no obliga a tapar la vitrina como un Café con Piernas, pero aquí lo hacen.

¿No es obligación?

No, la ley dice que desde afuera los chicos no deben ver los juguetes. Entonces desde adentro pongo a la vista lo que no llama la atención. Pero voy a ver los otros negocios, donde también hay uno, me contaba una pariente de Quilpué. El local de Quilpué tiene la vitrina tapada, pero abajo tiene penes en exhibición. ¡¿Cómo hacen eso?!. ¡¿Cómo aquí prohíben la entrada a menores de 18 años y allá tienen los penes en la vitrina?!.

Aquí [en Viña], en la calle Viana, la chica también tiene los juguetes en la vitrina. El domingo pasé y no había, pero hace dos, tres meses atrás, tenía los penes en la vitrina. Eso es prohibido. Además, ningún Sex Shop tiene un panel como el mio [donde se advierte que no pueden ingresar menores de 18 años al local]. Entonces, ¿qué quiere decir?. ¿Que tiene vergüenza?, ¿que no quiere que todo el mundo sepa que es un Sex Shop?. No, la primera cosa que la gente debe saber es que es un Sex Shop.

Cuando la puerta está abierta, veo mamás con chicos que quieren entrar y no las dejo. Les digo “no señora, yo no hago la ley. La ley dice que está prohibido”.

¿Ni siquiera pueden entrar menores de 18 años, acompañados de sus padres?

Bueno, a veces, cuando es una guagua, se pueden hacer excepciones, obvio. Pero la ley no dice hasta qué edad esa guagua es “inconsciente”, pero es prohibido hasta los 18 años. Una vez me peleé con un papá que entró con su hijo de 15 años. Él me decía, “pero si es responsabilidad mia”. No señor, si pasan los carabineros me van a cerrar el local. Es cosa de usted lo que haga en su casa con su hijo, pero aquí no entra con el niño.

De la calle la gente debe decir está loca, porque corro a la puerta cuando veo entrar a algún menor de edad [risas], pero la ley es así y me pueden cerrar el local. Hay chicas de 14, 15 años, que tienen relaciones… yo lo sé, pero la ley es la ley, entonces me pongo en la puerta y les digo “dime lo que quieres, el precio de eso, okei, yo te digo el precio, pero no entras”. O entra a mi sitio web, porque ahí haces lo que tu quieras. Tú colocas que eres mayor de 18 años y la responsabilidad es tuya.

¿Usted también vende disfraces sexuales?

Hay períodos en que vendo disfraces. Mira, cuando empecé aquí tenía lencería francesa, puros conjuntos. Pero no me fue bien. Al cabo de tres meses dije basta, voy a cerrar. Un día una cliente me dijo “¿por qué no vendes disfraces sexuales?”. No sabía lo que era eso, porque yo veo algunos sitios en internet y hay modelos de enfermera, colegiala, de nana, eso se vende en todas partes del mundo. Aquí parece que a la gente le gusta mucho más el disfraz sexual, nosotras las franceses preferimos la lencería. La lencería es para mi mucho más sexy, sensual.

¿De mejor calidad?

No, porque hay disfraces sexuales de alta calidad, de spandex. Yo el precio y la calidad que ofrezco está al medio, los clientes me han dicho que en comparación, aquí es un poquito de mejor calidad. Pero no es de mi gusto tampoco.

¿Usted no usaría lo que vende?

No, no es de mi gusto. Me gustaría traer cosas de verdad de calidad, otra cosa.

¿También tiene lubricantes?

Lo que yo trato de hacer es desarrollar los aceites, porque aquí es muy difícil venderlos. Desarrollo el deseo de intimidad [suspiro desesperanzado]. Tenía polvos que se colocan con una plumita en el cuerpo y dan sabor, además dejan la piel suave. Tenía velas que tu las enciendes, dejas que se derrita y después haces masajes. Olvídate de todo eso. Tenía frascos, botellas grandes de aceite para masajes de cuerpo, olvídate. Yo traje de todo y vendí poco. Entonces de nuevo, como ahora se hacen chiquititos, voy a tratar de introducirlos en el mercado.

Lo que se vende ahora bien, porque es un producto francés, es el aceite comestible para el masaje de la zona sexual del uno y del otro. Se calienta al mismo tiempo, tiene sabor. Es un producto francés y tiene sabor a piña colada, mojito, nuez de coco, plátano, vainilla, frutilla, vino, margarita, chicle, chocolate, pan de pascua y crema acaramelada. Da calor y no mancha nada y de verdad es rico, porque el otro que había tenía sabor a jarabe, horrible. Era un proveedor de Santiago, con el que no trabajo más, porque [hace mueca de asco]. Mi problema es que si no me gusta la cosa, no puedo venderla. Hay quienes se burlan, mis vecinas se burlan de mi, pero lo siento, yo no puedo.

Por ejemplo los afrodisíacos, que son muy difíciles de vender aquí.

¿La gente no cree en su poder?

La gente quiere que cada afrodisíaco reaccione como un milagro. Eso no es posible. Yo puedo venderlo diciendo sí, porque yo estoy aquí para vender, pero yo no soy así. Entonces digo no, lo siento. Todos mis productos son naturales, a base de plantas, es como si usted utilizara productos de homeopatía. No es de un día al otro, es un tratamiento. “Ah no, entonces no”, me dicen. Yo les respondo “entonces vaya a comprar el Viagra, con problemas al corazón, si está embarazada no puede tomarlo”. O sea, un montón de cosas así.

¿Sus afrodisíacos están hechos con plantas?

Todos son con productos naturales. Está el Erexil, que es para ayudar al hombre que no tiene erecciones a que se erecte, es un líquido a base de plantas, más un polvito que se mezcla y lo tomas todos los días. Puede ser un tratamiento de 14 días, pero si necesitas más, se puede continuar.

Y también con el lubricante la gente no sabe muchas cosas. Primero, el precio de un lubricante, se imaginan que cuesta tanto como la vaselina. Pero la vaselina se puede utilizar sin el jugueteo, sin los juguetes, pero si utilizan juguetes no pueden utilizar la vaselina, porque es grasa. Un juguete se limpia con agua tibia y jabón de duchar, la grasa queda. Entonces deben usar lubricante, pero a base de agua.

¿Qué precios tienen?

El frasco chico siete mil y el grande 14.

¿Cómo recibe los productos?

Los recibo directamente desde Francia, por correo y no por la Aduana.

¿Usted en Francia, tenía un negocio similar?

No, yo jamás entré, jamás compré nada. Empecé con la lencería, pero me fue mal durante tres meses y dije “pucha, no voy a abrir de nuevo el local”. Porque tenía un local de otro tipo de juegos, de pistolas láser [que estaba en calle Villanelo, frente al supermercado Santa Isabel]. Y después de dos años lo abrí de nuevo en Valparaíso, y me fue de nuevo mal porque lo abrí en el momento de la marcha de los estudiantes. Quedaba en avenida Brazil y lo pasaba cerrando, así que preferí cerrarlo definitivamente.

Y aquí dije voy a hacer otra cosa, voy a hacer un restaurant… no, no me interesa. Entonces preferí hacer un Sex Shop, a mi manera y poco a poco la gente se acostumbró, porque vendo cosas distintas, que pueden pedir a través del catálogo. Además que busco modelos de vestir distintos a otras tiendas, para que no todas las mujeres de Viña tengan los mismos modelos.

Fin.